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4.24.2014

La ciudad nos enferma

¿Cuándo fue la última vez que paseó por un parque? ¿A qué distancia de su casa está? ¿Cuánto tiempo tarda en desplazarse al trabajo? ¿Lo hace en bicicleta, andando, en coche...? Todos estos pequeños gestos cotidianos influyen en nuestra salud de manera más palpable de lo que podamos imaginar y a la ciencia le preocupan de manera creciente.
"Cada vez está más claro que el campo de acción de la Medicina ha desbordado los límites del hospital y del centro de salud", explica a EL MUNDO Manuel Franco, investigador de la Universidad de Alcalá de Henares (Madrid) y del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC). Como él, son muchos los investigadores que han puesto su foco de estudio en nuestros barrios, ciudades, en cómo el entorno físico en el que vivimos moldea indicadores como la tensión arterial, la función pulmonar o el riesgo de enfermedades como el cáncer o la diabetes.
"La salud debe ser parte de las consideraciones cuando se planifica urbanísticamente una ciudad", coincide desde Ginebra María Neira, responsable del departamento de Salud Ambiental de la Organización Mundial de la Salud. "Y es necesario implicar a arquitectos, alcaldes, urbanistas... para definir lo que se puede ganar o perder en términos de salud".
Este desbordamiento de fronteras se nota también en la incorporación a estos estudios de salud de expertos de disciplinas hasta ahora muy alejadas, como el urbanismo, la sociología, la economía... "Es verdad que cuando vas a pedir financiación para un tema de estos chirría un poco", admite Franco, que ha recibido un millón y medio de euros del European Research Council para estudiar cómo influye la geografía de 90 barrios de Madrid en la salud de sus habitantes. Y entendiendo por geografía desde la disponibilidad de espacios verdes al número de puntos de venta de tabaco, restaurantes de comida rápida o carriles bici.
Precisamente, en febrero la revista Health and Place publicaba un trabajo estadounidense en el que se mostraba que los niños que viven cerca de establecimientos de comida rápida tienen mayor riesgo de obesidad.
Como explica Mark Nieuwenhuijsen, del Centro de Salud Ambiental de Barcelona (CREAL), hay numerosos estudios ya publicados en los que se demuestran los beneficios de la cercanía de espacios verdes en parámetros tan dispares como la ansiedad, la calidad de sueño, la salud cardiovascular, la longevidad, mortalidad o tasa de partos prematuros. "Pero no sabemos exactamente los mecanismos por los que esto se produce, no sabemos si es porque estas personas tienen menos estrés, realizan más actividad física, tienen una mayor red de contactos sociales o respiran menos contaminantes", admite.
Para tratar de dar una respuesta a esta cuestión Nieuwenhuijsen y su equipo están llevando a cabo el estudio Phenotype con 5.000 personas residentes en cinco ciudades europeas diferentes (entre ellas, Barcelona). "Hemos visto ya que la cercanía a espacios verdes reduce el riesgo de bajo peso al nacer y mejoras en el estado cognitivo o las tasas de obesidad de los niños", explica este investigador.
Ambos coinciden en que estos trabajos de ecología urbana tienen un protagonismo creciente en la comunidad científica, donde cada vez más equipos tratan de indagar en la cuestión. "No obstante, el 75% de la población mundial vive ya en áreas urbanas", subraya Nieuwenhuijsen. Y aunque podría simplificarse pensando que la población de áreas rurales tiene mejor estado de salud, el investigador holandés afincado en Barcelona reconoce que no se puede comparar, porque existen muchos otros indicadores, "como una mayor lejanía a los servicios de salud. Además, la población rural no está expuesta a los espacios verdes durante todo el tiempo". Según datos de la OMS, en los últimos 20 años la extensión de áreas urbanas ha crecido hasta un 20% en los países europeos, mientras que la población lo ha hecho sólo un 6%.
"En el centro de Madrid, la Plaza de Olavide está siempre llena de gente; en cambio, si colocas esa misma plaza en un barrio nuevo, de las afueras, probablemente esté vacía la mayor parte del tiempo", explica Franco. "No sabemos si es porque la gente en ese barrio no se conoce, o porque no hay tradición... Urbanísticamente es la misma plaza, con los mismos columpios para los niños, los bancos para sentarse, pero allí no funciona", explica este especialista. "Sabemos que si estás en la calle, la gente no está en el sofá, así que eso tiene beneficios por sí solo, aunque no esté haciendo ejercicio".
De hecho, sus primeras entrevistas cualitativas demuestran que no sólo son importantes los espacios verdes, sino también las zonas urbanas para pasear. "Lo que hemos visto en las entrevistas es que para las personas mayores es importante también poder ver tiendas, jaleo social. Es lo que llamamos el land mix use, que la ciudad sea el espacio en el que vivimos, paseamos, compramos... Eso es lo que diferencia Chamberí [un barrio céntrico de Madrid] del Ensanche de Vallecas [un PAU a las afueras], que allí la gente coge el coche para ir a un bar a tomar una cerveza. Tenemos que convertir las ciudades en lugares donde la gente pueda pasear despacio, cuando más despacio van las ciudades, más agradables son para las personas".

2.19.2014

El peligro de cenar tarde.

Lo dice «The New York Times». España es el país donde se cena a las 22.00 horas y en el que se trabaja desde por la mañana hasta por la noche, eso sí, con un considerable descanso entre ambos periodos. Que los españoles somos de acostarnos tarde supone poca novedad: si te gusta cenar al tiempo que ves tu serie de televisión favorita deberás esperar, como mínimo, hasta por lo menos las 22.30 horas, que es cuando dan comienzo la mayoría de las producciones que copan el «prime-time» televisivo. Con suerte, y si la televisión no determina tus horarios, lo más lógico es que las obligaciones laborales y familiares no te permitan hacer la última ingesta del día hasta las 21.00 horas.
¿Tiene alguna consecuencia negativa para nuestra salud esa costumbre tan española de cenar y acostarse? Un estudio publicado por«Circulation: Journal of the American Heart Association» demostraba hace escasos meses que los varones que cenan tarde acumulan hasta un 55% más de posibilidades de padecer una enfermedad cardiaca. «Nuestro grupo de estudio ha pasado décadas estudiando los efectos de la calidad y la composición de la dieta, y ahora esta nueva información también sugiere que los hábitos alimentarios pueden ser importantes para reducir el riesgo de enfermedad coronaria», afirma Eric Rimm, Sc.D., autor principal y profesor asociado de Epidemiología y Nutrición de la Escuela de Salud Pública y profesor asociado de Medicina en la Harvard Medical School de Harvard.
En este sentido, el porcentaje de expertos que aconseja adelantar el horario de las ingestas como método para llevar un estilo de vida más saludable es ciertamente amplio. Es, por tanto, evidente que adaptar nuestro estilo de vida al huso horario británico 
generaría consecuencias favorables para nuestro cuerpo. En España, sin embargo, los irregulares horarios laborales hacen que en la mayoría de los casos sigamos acostumbrados a las ingestas tardías en lugar de guiarnos por los ciclos de luz y oscuridad naturales, tal y como ocurre en el resto de Europa.
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España vista por ¨The New York Times¨: ¨El país donde se cena a las 22:00 horas¨

Fue el pasado mes de septiembre cuando «The Telegraph» decidió abroncar a España en sus páginas a cuenta de la castiza siesta española. Esta sana tradición, que ni mucho menos es una costumbre extendida en nuestro país —pocos trabajadores tienen la suerte de dar unas cabezadas a mitad de jornada— era calificada por el rotativo británico como un serio retroceso que solo contribuía a que la productividad de los españoles descendiera notablemente. El artículo, que «The Telegraph» ilustraba con la llamativa imagen de un señor obeso dormido sobre una silla, conminaba a los españoles a adaptarnos más pronto que tarde al huso horario británico, un sistema que nuestro país abandonó en 1940.
Ahora es «The New York Times» el que se suma a la reprimenda a España a causa de los horarios. En un artículo titulado «España, el país de las cenas a las 10 P.M, preguntaos si no es hora de cambiar los horarios» el periodista Jim Yardley elabora un completo repaso por las costumbres y forma de vida española, sus cenas tardías, su «prime-time» televisivo y, como no, su siesta.